Melinda Haynes dijo:

"Forget all the rules. Forget about being published. Write for yourself and celebrate writing".


Seguiré el consejo de Melinda Haynes.

6 de enero de 2010

3

CAPÍTULO ONCE. Pablo.

El amigo doctor de mi tía, Francisco Solares (al final me enteré de su apellido), volvió a visitarnos dos o tres veces luego de su última visita. En la última cena hasta nos llevó flores, o quizás eran sólo para mi tía, no lo sé. Lo más interesante en su físico eran sus bonitos ojos grises.

Una de esas tardes cuando él nos visitaba, yo estaba hablando por Messenger con Mariano. Él, por supuesto, se había puesto muy feliz por la lap top. Me estaba contando cómo le había ido con Ceci. Me dijo que habían tomado un café y luego caminaron por todo el lugar conversando. Mariano estaba enamorado. Pensando en él me recordé que su cumpleaños también se estaba acercando, así como el de Marcela, pero ya que ellas no me hablaban no había nada que hacer. Aunque pensé que le podría hacer una tarjeta de todas formas. A Mariano tendría que darle un pastel también, por lo menos, ya que había sido un amigo increíble. Fue por eso que le pregunté cuál era su sabor favorito, y me dijo que respecto a helados, el de galleta, respecto a dulces el de mora azul pero respecto a pasteles le encantaban los de frutas. Genial. El que me salía más feo.

Hice una lista de cosas que tenía que comprar en el súper mercado. En ese momento oí la voz de Pablo afuera. Me acerqué a la ventana y pude ver que hablaba con Isabela, pero luego ella regresaba a la casa y él se quedaba en el jardín con su cámara. No tomaba fotos, sólo estaba sentado observando fijamente un punto. Escuchaba música y traía un sudadero mostaza. Desde ese ángulo lo podía contemplar muy bien. Su pelo negro azabache estaba despeinado y sus preciosos ojos entrecerrados. Parecía estar jugando con sus dedos y al mismo tiempo con la cámara. Quería que sonriera.

Pablo era también un buen amigo. Él parecía… cuidar de mí, pero al mismo tiempo un amigo. Y había dicho que era muy bonita.

Un carro pasó por la carretera y Pablo no perdió la oportunidad. Tomó su cámara y capturó el movimiento.

Salí de mi trance y continué con mi lista. Pero me di cuenta que ya la había completado.



El día del cumpleaños de Mariano fue entre semana, así que decoré su escritorio y le puse el pastel ahí. Rodrigo y todos sus amigos también estaban listos para felicitarlo. Entró y le cantamos el “happy birthday”, partimos el pastel, nos reímos de nuestras patéticas tarjetas y todo iba bien, hasta que casi caigo y Santiago me sostuvo.

-Cuidado –sonrió.
-Déjame –intenté desquitarme, pero me tenía sujeta.
-Vamos, calma, te ayudé a no caerte. Si quieres te suelto y te caes en verdad.
-Sólo déjame –continuaba zafándome. Él parecía divertido, y esa diversión me pareció una broma de mal gusto que comenzó a empañar mis ojos. Ese chico había destruido mi vida ahí.
-Déjala en paz –dijo Mariano. Entonces Santiago me soltó y dijo algo así como “no parecías tan difícil la otra noche”. Me solté del abrazo protector de Mariano y comencé a gritar.
-¿La otra noche? ¿Hablas de la noche en que me usaste? ¡Me emborrachaste y luego hiciste quién sabe qué! –así estaba confirmando todos los rumores de la clase.
-Haznos un favor a todos y no te pongas a llorar, Regina.
-¡No me digas qué hacer! ¿Y qué si lloro? Nunca había llorado tanto hasta que te conocí. Ni siquiera sé por qué lo hago, es un desperdicio de lágrimas.
-No parecías pensar así de mí la otra noche –repitió la frase sólo cambiando las palabras de en medio.
-Es porque no había visto lo imbécil que eras. Me arrepiento demasiado de lo que hice. Esa noche fue una pérdida de tiempo, absolutamente. Chicas –dije volteándome-, lo siento mucho, en serio –ahora lloraba sin control. Qué vergüenza. Parecía una niñita llorando mucho, y lo peor que enfrente de Pablo. Las chicas se me quedaron viendo atónitas.
-Me largo –oí a Santiago.
-Lárgate de este colegio –le solté. Se acercó a mí y yo le pegué con mi bufanda. Comenzó a reírse de mí y yo lo fulminaba con la mirada-. Bea, perdóname. Marcela, lo siento. A todas les digo esto.

Bea comenzó a acercarse. Santiago la miró con una cara de autosuficiencia. Y Bea hizo lo inimaginable.

-Eres un idiota –y una sonora cachetada se escuchó por todo el salón.
-No lo hiciste –murmuró Santiago.
-Ya basta –intervino Rodrigo-. Sólo vete a sentar –Santiago se fue de ahí y yo continuaba limpiándome las lágrimas. Gracias a Dios todavía no llegaba la maestra de ciencias.
-Te atreviste a gritarle –me dijo seriamente Beatriz.
-Te atreviste a llamarlo idiota –sonreí tímidamente.
-¿Quieres que te acompañemos al baño? –ofreció Daniela.
-No, puedo ir sola, gracias –contesté amablemente.

Salí de la clase intentando que los profesores no me miraran. Llegué al baño y me tranquilicé. Cuando salí, Pablo estaba sentado en una silla cercana. No me dijo nada, sólo una leve sonrisa. Se levantó y regresamos a la clase, con su mano suavemente apoyada en mi hombro izquierdo.

Pero ese día no fue sólo tristeza y enojo, porque mis amigas me perdonaron. Dijeron que hace tiempo que planeaban hacerlo, pero no estaban seguras de si después de un mes volvería a hacer locuras con Santiago. Bea me dijo que definitivamente ya no le gustaba. Les conté la idea de DIMBRIM, que eran las iniciales de nuestros nombres contando a Isabela desde la noche de la pijamada. Les pareció genial, y Daniela e Inés ya parecían de nuestro grupo a la hora de recreo y almuerzo. Pude sentir una ola de alivio cuando me di cuenta de lo que hacía: reía sin control reunida en un círculo de amigos, contando ya a las DIMBRIM. Santiago no me importaba en absoluto. Pablo se miraba feliz que yo estuviera feliz.

-Gracias, Pablo.
-¿Y por qué?
-Por acompañarme regreso a la clase –y nos echamos a reír.



Llegó la tarde y tuvimos la suerte que ese día no nos dejaron tareas. Estaba haciéndole cariñitos a JellyYogurt mientras leía un libro. “Clic”, sonó cerca de mí.

-Creí que la sesión de fotos había terminado –intentaba taparme con el libro.
-A esto lo llamo “fotos desprevenidas” –dijo él riéndose de mi foto. Pero paró de reírse-. Saliste muy bien. Qué raro, en casi todas mis “fotos desprevenidas” la gente sale vergonzosa. Una vez, Andrea tenía un spaghetti en la boca y se rascaba un ojo.
-Bueno, es difícil no salir bien si lo único que haces es leer un libro tranquilamente.
-De todos modos pienso que saliste bien –y sus ojos brillaron. Había salido de su jardín y entrado al mío.
-Gracias. ¿Y qué haces tomándome fotos? ¿Estabas aburrido o algo?
-¿Crees que tomo fotos por aburrimiento? ¡Las tomo porque me encanta hacerlo!
-De acuerdo, me equivoqué. ¿Pero por qué a mí?
-Regresamos con lo de la autoestima baja –dijo poniendo sus ojos en blanco.
-Lo siento, creo –me disculpé.
-¡No te disculpes! –se detuvo un momento-. ¿Cuál es tu película favorita?
-¿Y qué relación tiene eso con lo que hablábamos de la baja autoestima? –me reí mucho.
-No lo sé, sólo quiero saber.
-Hm… No tengo favorita, pero me gustan mucho las extranjeras. ¿Has visto Todo por Rosanna o Elsa y Fred? Me gustan mucho.
-No las he visto. Algún día las veré y te contaré que tal me parecieron. Yo tampoco tengo película favorita, a decir verdad –continuó-. Ni libro favorito, pero me gusta leer.
Chocales! ¿Y dulce favorito?
-Ositos de gomita –rió-. ¿El tuyo?
-Los chocolates –le conté. La conversación continuó con nuestros “favoritos”. A él le gustaban los deportes pero no era un fanático a la hora de verlos, precisamente. A mí… ni me gustaban ni los veía. A él le parecía tonta la saga de Twilight y le gustaba la de Harry Potter, El Señor de los Anillos y muchas otras. Yo ya me había leído los cuatro libros de Crepúsculo pero también me gustaban las otras sagas que había mencionado.
-¿Por qué te gusta Twilight (Crepúsculo)?
-No lo sé, nos gusta a todas las chicas, supongo. También a algunos de los chicos.
-Cierto. Tengo un amigo que se leyó el primero, pero luego no continuó. ¿Te gusta Edward? –me miró sospechosamente.
-Soy más de Jacob, el moreno –admití.
-Ya veo –de pronto cambió de tema, algo que solía hacer muy a menudo-. Menuda cachetada la que le dio Bea a Santiago, ¿no? –y cambié de cara.
-Se lo merecía –dije repentinamente enojada.
-Oye, tranquila –me calmó con suavidad-. Por supuesto que se lo merecía. Pero al menos gracias a eso ahora vuelven a ser amigas.
-En eso tienes razón. Este año ha sido algo movido, ¿verdad? Deberían haberme enviado a un internado y evitarles sufrimiento a ustedes inocentes –Pablo rió con mi loca salida. Lo bueno de estar con Pablo era que se tomaba las cosas con seriedad pero al mismo tiempo era risueño.
-No retrocedería el tiempo por nada en el mundo.
-¿Lo dices en serio?
-Completamente.
-¿Y nunca has deseado retrocederlo por algún motivo?
-Nunc… -se detuvo-. A veces.
-¿Puedo saber cuándo? –ojalá mi curiosidad no lo alejara.
-Cuando el doctor le dio el diagnóstico a Isabela. Desearía quedarme estancado en el tiempo un mes antes de saberlo.
-Lo siento mucho –me entristecí.
-No importa –volvió a detenerse-. No sabes lo difícil que es… Daría todo el oro del mundo por ser yo en su lugar –fue ahí cuando tomé su mano firme y rápidamente-. Tranquila, yo no tengo nada malo en mí todavía –me tranquilizó con una sonrisa.

Sabía que me había delatado. Me había delatado al demostrar mi preocupación a esa situación imaginaria. Pero no quería que pensara que Isabela no me importaba y en cambio él sí y mucho; de todas maneras no pude explicarme y guardé silencio, no sin antes soltar su mano lentamente.

Nos quedamos en silencio un momento y luego, de la nada, comenzó a reírse. Ese chico era raro. Sonrisas, risas y buen humor. A mí se me contagió la risa. Nos observábamos. De pronto llevó su mano derecha a la altura de mi ojo izquierdo, y frotó con delicadeza su dedo pulgar contra mi piel, como quitándome alguna mancha de maquillaje corrido.

-Dirás que vuelvo con lo de la autoestima baja… -comencé-, pero, ¿por qué disfrutas hablar conmigo y ser mi amigo? Yo no soy la mejor de las personas.
-No eres mala, Regina –suspiró mirando hacia otro lado.
-¿Cómo lo sabes? –bajé mi vista.
-Bueno, simplemente porque yo no me junto con gente mala –volteé a verlo y pude ver una pequeña sonrisita de las suyas asomarse en su boca.



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Capítulo número... ONCE!!! Ya pasaamos del diez :D wohoo
hahaha son bromas ^^
Pues espero que les guste y espero sus comentarios!!! Los comments llenan de luz este blog ;D

Por cierto... no sé cómo llamar a este capítulo :S quiero que tenga relación a Pablo verdad, pero no se me ocurre nada, porque lo único que tengo en mente son frases muy largas. Qué nombre creen que le va?

NUEVA ENCUESTA!!! Abajo de la que ya estaba :D vayan a contestarla!!

Mañana tal vez publique, aunque no estoy cien por ciento segura porquee voy a salir! Pero ahorita ya comencé el nuevo capítulo para adelantar :D Miren que se los hago súper largos! Si no logro al menos 4 hojas de word no publico ^^

3 comentarios:

Amanda; dijo...

Huyy Andre!
el capitulo fue geniaal, sisi con la cachetada de santiago y esoo ;D
Adorooooo a pablo,[tmb a mariano pero shh, ;)] sisisis porfaaa publica mañanaa ;D

Andreα (: dijo...

Ame este capitulo.
En verdad amo tu historia :)
No se porque no la encontre antes, la verdad es que no recuerdo como la encontre pero estoy feliz de haberlo hecho :)

Andreα (: dijo...

Ya se como lo descubri :)
Estuve buscando como loca en todos los bloggs que sigo donde vi el link! Jaja
& le estare agradecida a Izzie para toda la vida. Eso es todo :D