Melinda Haynes dijo:

"Forget all the rules. Forget about being published. Write for yourself and celebrate writing".


Seguiré el consejo de Melinda Haynes.

21 de febrero de 2010

4

CAPÍTULO DIECINUEVE. La fiesta.

-Creo que nos hizo falta un ingrediente –dijo Pablo leyendo la receta por undécima vez.
-¿Tú crees? Porque se ve muy apetitoso… -lo que no era muy cierto, pero cuando uno es quien prepara algo de comer, siempre se ve delicioso.

Ya era el día de la celebración e Isabela y sus amigos acababan de llegar a la casa de ella. Pablo y yo nos encontrábamos en la mía preparando el postre. Eran las tres y media de la tarde, así que tal vez estaría listo en un par de horas.

-¡Tía! ¿Nos puedes ayudar?

Mi tía bajó del segundo piso y nos echó de la cocina, diciendo que ella se encargaría de todo. Nosotros no queríamos porque deseábamos ser los que prepararan el pastel de nuestra niña favorita, pero mi tía prometió darnos los créditos. Le dijimos que no pero fue en vano.

-De acuerdo, nos echaron. Subo a mi cuarto rapidísimo a cambiarme y luego nos vamos a tu casa –le dije a Pablo y le di un fugaz beso en la boca.

Me puse unos pantalones de mezclilla, una blusa blanca con cincho café y uno zapatos un poco altos también cafés. Me arreglé el pelo y me retoqué el maquillaje.

-¡Listo! –tomé a Pablo de la mano y salimos velozmente de la casa.
-Qué bonita estás –me dijo sonriendo cuando ya estábamos entrando a su jardín.
-Lo sé –presumí en broma.

El jardín tenía una bella decoración. Había globos de colores rosa, morado y blanco por todas partes, una gran mesa de regalos, muchas mesas más para poder sentarse, el área de comida donde el padre de Pablo preparaba hamburguesas, un trono de princesa para Isabela y gorritos para ponerse en la cabeza. Pablo y yo cogimos dos y nos los pusimos. También tomamos serpentinas y corrimos a buscar a Isabela.

-¡FELIZ CUMPLEAÑOS! –le gritamos, arrojándole todos los papeles de colores.
-¡Ah! –gritó y comenzó a perseguirnos. Sus amigos quisieron incluirse y comenzaron a seguirnos también, y al menos yo me preocupé porque quince niños venían tras de mí. Entonces Isabela comenzó a detenerse.

-Isa, ¿estás bien? –preguntó su hermano, pero Isabela no respondía de la fatiga. Sus padres habían entrado a la casa un momento y no se daban cuenta de lo que pasaba. Pablo la levantó y la entró a la sala, pero antes les dejó dicho a sus amigos que sólo estaba muy cansada e iba a descansar unos minutos. Me volteó a ver y me pidió que me quedara con los niños y luego me diría si se le había pasado a Isabela. Vi como apoyaba su cabeza sobre la de ella en forma de caricia.
-Entonces, niños, ¿ahora qué hacemos? –dije no muy convencida de lo que hacía. No era fanática de los niños como algunas de mis amigas. Pero esos niños resultaron agradables y decidieron conversar conmigo sobre todo. Llegaron las chicas y chicos amigos de Pablo y míos y me ayudaron ellos. Fue cuando decidí entrar para ver a Isabela.
-¿Cómo está? –me dirigí a Pablo.
-Ya mejor, ¿no es cierto, Isa? –le sonrió dulcemente.
-Sí, sólo necesitaba sentarme y tomar agua, sólo eso…
-Me alegro.
-¿Puedo salir ya, mami?

Su madre se lo pensó un momento, pero pensó que de todos modos era su cumpleaños.

-Está bien, pero tu padre y yo estaremos cerca.

Los tres salieron y Pablo y yo quedamos solos. Pablo se restregó los ojos y se recostó en el sofá.

-¿Cómo estás tú? –me interesé.
-Bien, supongo. Pero preocupado –ahora me miraba-. El cáncer la hace sentir mal cada vez más.
-Lo importante es el presente, ¿lo recuerdas? Lo importante es que ahora está celebrando su décimo cumpleaños.
-Sí, supongo.
-Los chicos ya llegaron. ¿Quieres salir?
-Sólo si me dejas tomarte fotos –sonrió inocentemente, y a esa sonrisa no pude negarme.

Las velitas fueron sopladas, las fotos fueron tomadas y el pastel estaba delicioso.

-¡Qué rico les quedó, chicos! –exclamó Isabela, y Pablo, mi tía y yo nos miramos sospechosamente.
-Ahora a abrir los regalos… -propuso una amiga de Isabela.
-¿Puedo, papi?
-Claro, si tú quieres.

La gran pila de regalos esperaba por las manitas casi transparentes de Isabela. Decidió abrir primero un paquete azul que resultó ser un peluche precioso. Los otros regalos fueron muy bonitos también. Sus padres la obsequiarían hasta el lunes y ahora sólo faltaba el de nosotros los jóvenes y el de mi tía. A Isabela le fascinó el regalo de Pablo, mis dos regalos en uno también le gustaron muchísimo, el que le obsequiaron nuestros amigos, un CD de Disney, también le encantó y el de mi tía la llenó de emoción, pues era un estuche de maquillaje fantasía con espejo, estuches, máscara fría para los ojos y hasta red para el cabello.

Pidió permiso para abrirlo y cuidadosamente su madre hizo lo que pidió. Y comenzó el pequeño salón para chicas. Pablo no dejaba de tomar fotos y la estaba pasando muy bien, como todos los demás. Ya estaba un poco oscuro así que el salón de belleza fue en la sala del interior de la casa. Para que los amigos de Isabela no se aburrieran, Pablo, Julio y algunos otros los llevaron a entretenerse con videojuegos.
Poco a poco todos comenzaron a irse, pero todavía a las nueve de la noche había dos o tres chicos de cuarto grado.

La fiesta, en resumen, fue un éxito total.

-¿Cómo te la pasaste? –le preguntó la madre a Isabela cuando el último invitado se había ido y sólo quedábamos mi tía, Julio y yo de extras.
-¡Genial! Todo estuvo perfecto, me encantó.
-El domingo tu abuelita te quiere preparar un almuerzo, así que la visitaremos, ¿te parece?
-Muy bien –sonrió Isabela al saber que ese fin de semana ella sería el centro de atención y recibiría más regalos.
-Vamos afuera –nos dijo Pablo a su mejor amigo y a mí, ya que Isabela subió a su cuarto a probarse la ropa nueva que tenía.
-Muero del sueño –comentó Julio.
-Yo estoy más muerta que tú, te lo aseguro. Si me dijeran “vamos a una fiesta” creo que me negaría.
-¿Crees?
-De acuerdo, me negaría –Pablo rió de la tonta conversación que manteníamos Julio y yo, se acercó a mí y me tomó de la mano.
-¿Por qué no vamos a descansar todos, entonces? –preguntó.
-¿Me estás echando de tu casa? –amenazó Julio con un puño.
-Más o menos –contestó Pablo.
-¿De qué van a hablar en sus discursos de inglés? –cambié de tema.
-No tengo idea –vaya sorpresa de parte Julio-. Hablar de una noticia actual me parece aburrido, pero no hay nada que haya cambiado mi vida. Aún tengo tres semanas para pensar en ello.
-Yo tampoco sé de qué hablaré, pero porque han pasado muchas cosas que me han cambiado la vida. ¿Ves cómo hay más emoción en mi existencia que en la tuya, Julio?
-Sí, cómo no. ¿Y tú, Regina?
-Tampoco sé. Vaya grupo que formamos, somos unos indecisos.
-Ustedes pueden hablar de cómo el haberse conocido los cambió para siempre –rió Julio.
-Y tú puedes confesar lo que sientes al saber que varias chicas te quieren pero tú, por salsa, finges no querer a ninguna –le dije.
-¡Ya vas con cuentos de nuevo!
-En serio, Julio, ¿por qué no le haces caso a Marcela?
-Creí que habías dicho chicas.
-Sí, bueno, si quieres que te diga que medio colegio te ama te lo diré, aunque no sé qué tan cierto sea… Ay, de acuerdo, a varias personas le gustas –continué-, pero casi siempre sólo de físico. En cambio Marcela… Tú la quieres también, admítelo –no podía revelar de una vez que de verdad Marcela sentía algo por él.
-Cállense –puso en blanco sus ojos.
-¡Qué pareja! –Exclamó Pablo-. Ni ella admite lo que siente ni tú, pero de todos modos es más obvio que el hecho que el agua es transparente.
-Lo que pase, pasará –rió Julio.
-No si esperas a que suceda solo –dije.
-¿Y qué se supone que debo hacer?
-Primero admitir que la quieres.
Pasaron unos minutos y los tres permanecimos callados, cada uno absorto en sus pensamientos.
-¿Me acompañan a casa? Necesito un suéter –les pedí.
-Vamos –dijeron.

JellyYogurt daba ladridos enormes y de miedo cuando entré a mi jardín. Pablo comenzó a juguetear con él en lo que yo iba por mi suéter y Julio seguía metido en su cabeza.
Ya estaba de nuevo abajo y Pablo se levantó de inmediato, tomó su cámara y lo más cerca de la luz me tomó una foto.

-Qué linda –sonrió.
-Como siempre –dijo Julio poniendo de nuevo sus ojos en blanco-. No es que no lo seas –agregó rápidamente.
-Entiendo, entiendo, pero a ti te parece más linda Marcela –le sonreí dulcemente, sin ánimos de hacerlo sentir mal-. ¿Y ahora qué hacemos? –cambié de tema lo más rápido que pude.
-Tengo otro dolor de cabeza horrible, de los que ya sabes, Reggie –se quejó Pablo-. ¿No tienes nada en tu casa? Que en la mía lo dudo, siempre me las termino.
-Vamos, encontraré algo.

Esperaron en la sala en lo que yo rebuscaba entre mis cosas una pastilla contra el dolor.

-Ten, Papo –dije cuando al fin encontré una.
-¿Papo? –preguntó Julio.
-Sí, Papo –confirmé.



-¿Ya te había dicho que Julio admitió que le gusta Marcela?
-¿Cómo? ¿Cuándo fue eso?
-Anoche, cuando entraste a buscar un suéter. Estaba callado y yo seguía entretenido con JellyYogurt, y de repente me dijo que sí le gusta. No digas nada, se supone que yo no diría. No es que me haya pedido que no diga ni una palabra pero yo me le adelanté y se lo prometí.

El viento soplaba suavemente. Estábamos sentados en una banca del parque comiendo gomitas. Esa tarde casi no teníamos tareas.

-¿Y qué más dijo?
-Pues no va a esperar a que llegue lo que quiere, sino que peleará por ello, como le aconsejaste.
-Marcela va a estar feliz –me alegré.
-Recuerda que se supone que no sabes nada.
-Claro. Le irá bien, me imagino. Si yo no te conociera creo que le habría hecho caso a Julio, eso si él se hubiera interesado en mí.
-¿Ah, sí…?
-¡No me digas que estás celoso! –dije, dándome cuenta por su tono de voz.
-Por supuesto que no.
-Pues me alegro, porque nadie, nadie es mejor que tú –me apoyé en su hombro y cerré mis ojos.



-Linda, despierta –susurró Pablo.

Abrí los ojos lentamente y me di cuenta que seguíamos en el parque.

-¿Qué hora es?
-Las cinco –me contestó.
-Hmm… -y luego suspiré-. ¿Cuánto tiempo dormí?
-Unos cuarenta minutos, más o menos.
-¿Y tú qué estuviste haciendo?
-Disfruté tenerte a mi lado y poder tener tan cerca tu cabello. Huele delicioso, ¿lo sabías?
-Tú hueles delicioso, Papo, no yo.
-Eso podría discutirse. ¿Regresamos a casa?
-Muy bien.
-¿Regina?
-¿Sí?
-¿Cómo estás? ¿Enojada, molesta, feliz…?
-No lo sé… ¿Por qué lo preguntas?
-Porque no sé que te parecerá saber que también te tomé fotografías mientras dormías.




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CAP DIECINUEVEEEE! :D recuerden que el capítulo 18 ya fue actualizado (vayan a esa entrada y ahí lo encontrarán más largo :D)
Ojalá les guste este capítulo!!

Mil gracias por su apoyooo (: ya tengo escrito el capítulo veinte, pero se los publicaré en un par de días!! No sé si mañana voy a tener internet (ahorita tengo uno inalámbrico prestado que los tontos de la compañía cortaron sin querer el internet de toda la colonia ¬¬) pero espero publicaar al menos en mi otro blog...

Los quiero mucho! De veras ojalá les guste ^^

4 comentarios:

Izzie dijo...

Me encantoo! :) adoro a pablo, es tan lindo.. y que bueno que julio va a luchar por marcela :P subelo pronto!! hha no nos tortures asi..

Gera !! dijo...

Ohhhhhhhhhhhhhhhh
me encanto el cappp
q hermozxooo Pablo lo amoo ♥♣♥♥♥
omgg pobre de isaa me duele verla asi o q se mueraa
q feo
q pesar papo !!
T_T
omgg q divino me encanta la pareja q hacn ellos 2s juntoss
q lindo julio siiii admitio q si le gustaba marcela !!
^^
pliss renueva protno
me encanto los capss ambos el 18 tambn
ii pss qeria sabr si me podias recomendar en tu blog ya q estoy empezando a hacr una historia con una amiga !!
si qieres entras y me dics q tal te parecio la historia
pss aki esta el link...
http://elangel-lucy.blogspot.com/
pss renueva pronto
q esta supr interesante
bye xoxo
^^

laura p dijo...

me alegro q se te halla quitado el bloqueo :D estuvo muy bno el capitulo.....pablo si es hermoso ;D

pasate por el blog de una amiga esta muy bno elangel-lucy.blogspot.com

Karina dijo...

hoooola!

siiii!!!
que bueno que publicaste!!!


este es uno de mis blogs favoritos (mas bien mi favorito=D)

me E-N-C-A-N-T-A TODA tu historia!!! (como ya lo he dicho)


toditita!

jeje

adios y pasa por mi blog si? hice uno nuevo que es como un tipo "diario" el link esta en el lado derecho del blog que ya conoces...

siiiii!!

adioooos!