Melinda Haynes dijo:

"Forget all the rules. Forget about being published. Write for yourself and celebrate writing".


Seguiré el consejo de Melinda Haynes.

27 de diciembre de 2009

3

CAPÍTULO SIETE. Problemas.

Las chicas y yo corrimos la voz sobre nuestra fiesta. Repartimos invitaciones (apenas un papel con la fecha, hora y lugar del evento) y durante la semana entera nos olvidamos de las clases y nos dedicamos a preparar la gran fiesta. El fin de semana al fin llegó, y todo estaba listo.

-Ha llegado el día, chicas –sonrió Marcela.

Nos arreglamos horas antes de que comenzara. Me puse un vestido verde limón con medias negras y tacones del mismo color. Me arreglé el pelo y maquillé mi cara lo mejor que pude.

Los invitados comenzaron a llegar. Mi tía se había ido a otra reunión del pueblo, por lo que me dejó la casa. Algunos chicos estaban dentro de ella, otros afuera, en el jardín. La música tenía un volumen muy alto, por lo que no importaba donde estuvieras. Isabela, por supuesto, no pudo asistir, pero igual podía oír y ver lo que pasaba desde su habitación.

-Hola, Regina –saludó Pablo al llegar a la fiesta. Él no me llamaba Regs o Reggie, sino solamente Regina.
-¿Qué tal? –le devolví el saludo-. Oh, espera, creo que Bea me llama. ¡Ahora vuelvo!
-Seguro –sonrió.

Bea quería que la ayudara a buscar otra bolsa de papitas. Nos separamos y en el camino me encontré a Santiago. Ya había pasado como una hora desde el inicio de la fiesta. Nos saludamos y platicamos acerca de cualquier cosa. La conversación comenzaba a ponerse aburrida cuando cambiamos de tema…

-¿De quién fue la idea de la fiesta? –preguntó.
-Bueno, yo les dije a las chicas que tenía ganas de ir a una. Luego Marcela dio la idea de hacerla nosotras mismas. ¿Es cierto que casi no hay fiestas aquí?
-¿Cómo? Tal vez ellas no van a fiestas aquí. Los chicos y yo salimos todos los fines de semana, y casi siempre estamos en una.
-¿De verdad? –vaya, no podía creer que las chicas eran tan aguafiestas como para no ir también.
-Así es. ¿Te gustaría venir a una ahora mismo? –ofreció.
-¿Ahora mismo? Pero… bueno, no tengo el permiso de mi tía. No creo que…
-Vamos, Regs –me interrumpió-. No seas como todas. Solo será esta noche.
-Mi tía sabrá que me fui.
-Dile que te fuiste a dormir a la casa de una de “las chicas” –sugirió.
-Eso no estaría bien… -¿por qué me estaba portando tan responsablemente? ¿Acaso no había estado buscando oportunidades para ir a fiestas reales? Es cierto que estaba en una pero… Podría intentar salir a otra que no fuera planeada por mí. Algo me decía que no debía hacerlo, pero otra parte de mí me decía que lo hiciera ya.
-De acuerdo, pero yo no me la perderé. Bonita fiesta y todo, claro, pero prefiero ir a la otra. Nos vemos el lunes –me dijo, volteándose para irse.
-¡Espera! –exclamé. No podía creer lo que estaba a punto de hacer-. Yo… Voy a ir a esa fiesta.
-¿Segura?
-S- segura.
-Perfecto –sonrió-. Deberás dejarle una nota a tu tía. Ten, aquí tengo papel y lápiz.

Pensé qué le escribiría a mi tía. Luego, me decidí y anoté:

“Tía: me voy a la casa de Marcela para quedarme a dormir. No llames, despertarás a sus hermanitos gemelos. Mañana en la mañana te llamo yo. Te quiere, Regina”.

No me preocupé meter en la historia a Marcela, pues me apoyaría si algo pasaba.

-Perfecto –repitió Santiago-. ¿Nos vamos, entonces?
-Espera, tengo que dejarle pendiente algo a Bea y Marce.
-No tardes –dijo.

Busqué a Marcela y Beatriz en la multitud. Estaban afuera.

-Chicas –les dije-. Oigan, voy a… Tengo algo que hacer –me miraron con cara extrañada-. Les encargo la fiesta, ¿de acuerdo?
-Seguro –apenas logré escuchar, pues salí volada para regresar con Santiago. Él me tomó de la mano y me sacó de la casa. Íbamos acompañados de dos chicos y dos chicas, amigos de él. Entramos en el auto de uno de ellos, apenas cabíamos, pero entramos. Sentía mi corazón palpitar fuertemente, pues sabía que lo que hacía no estaba bien. Fue después cuando me di cuenta que ya había hecho eso muchas veces en mi antiguo hogar, así que probablemente era por la falta de experiencia que me sentía tan nerviosa. Decidí disfrutar lo que estaba haciendo. Daba igual, pues nadie me estaba viendo… O eso era lo que creía, porque no me fijé que unos ojos azul oscuro que de cerca eran más hermosos me observaban.

-¿A dónde vamos? –pregunté.
-Ya verás, Reggie –me acarició Santiago. Decidí confiar en él y me intenté relajar más.

Luego de cinco minutos llegamos a una discoteca. Estaba llena de gente, “genial”, pensé, pues amaba ir a discotecas y sentir ese ambiente en el que apenas puedes respirar.

-¿Bajas? –me tendió la mano Santiago.
-Gracias –le sonreí. Entramos y la diversión comenzó.

No sé cuántas copas llevaba, lo único que sabía era que era un número grande. También me habían ofrecido un cigarrillo, pero me lo había acabado hace rato. No sabía qué hora era, seguramente la una o dos de la mañana. Los chicos y yo no habíamos parado de divertirnos, bailando, tomando y fumando. Algunos de ellos ya hasta se habían besado con quien se les pusiera en el camino. En mi interior sentí esas ganas de hacer lo mismo, de regresar a mi vida pasada. Las bocinas retumbaban, mi corazón palpitaba, yo quería más. Entonces todo se volvió oscuro, y me sentí perdida en el mundo.



Un fuerte dolor de cabeza me despertó. Estaba mareada y tenía náuseas. El sol estaba muy intenso. Comenzaba a molestarme, así que decidí levantarme a bajar las cortinas. Pero me llevé una gran sorpresa al abrir mis ojos y ver que no estaba en mi habitación. De sopetón me recordé de todo lo que había pasado la noche anterior. No sé cómo pude recordarme, porque estaba me sentía muy mal. Pero fuera de todo eso, ¿dónde estaba? Una gran ventana estaba frente a mí, y el cuarto tenía paredes verde musgo. Miré el edredón y era de un azul grisáceo. Fue entonces cuando sentí el brazo que tenía sobre mi cuerpo. Dejé de respirar. ¿Qué había hecho?

Volteé mi cara lo más silenciosamente que pude, para saber a quien pertenecía ese brazo. Me quedé en shock cuando vi quién era. No entendía nada. Sentí que mi corazón estaba a punto de salirse de mi cuerpo, tenía que saber qué había ocurrido.

-¿San… Santiago? –pregunté.
-Shh. Calla, linda –“Otro que dice así”, pensé-. Sigue durmiendo.
-Santiago, ¿qué hemos hecho? –pude notar el pánico flotando por mi garganta.
-Shh –volvió a silenciarme. Sentía náuseas, pero esta vez por el chico que tenía a mi lado. No podía creer lo que estaba pasando. Me levanté rápidamente, algo de lo que luego me arrepentí, pues mi cabeza volvió a girar locamente. Casi vomito cuando vi que estaba en ropa interior. Esto no podía ser cierto, no podía ser cierto. Me vestí lo más rápido que pude y escuché como Santiago me decía que me quedara. Era un cerdo, y yo una tonta. Salí de su cuarto rezando porque nadie de su familia estuviera cerca. Eran las nueve de la mañana, por lo que posiblemente sus padres ya estaban trabajando. El problema es que era domingo, y tal vez no trabajaban domingo. Pero tuve la suerte que no había absolutamente nadie fuera de los cuartos.

Abrí la puerta principal y asomé mi cabeza para revisar que no hubiera nadie cerca de esa calle. Salí y me alejé velozmente de esa casa. Pero tampoco me di cuenta que, como ayer Pablo pudo ver que me iba de la fiesta, esta vez había alguien más testigo de lo que estaba haciendo. Alguien además de Santiago sabía mi secreto.



Estaba sumamente cansada. Había caminado desde el pueblo hasta la casa de mi tía, tenía resaca y el pánico me inundaba el pecho cada vez más. ¿Por qué había aceptado ir a esa estúpida fiesta? No hubiera perdido absolutamente nada si hubiera dicho que no. Era una idiota, una tonta, una… Una cualquiera.

Entré a la casa con mi llave extra, mi tía seguía durmiendo, como domingo que era, y yo así lo prefería. El jardín, la sala, el comedor… todo estaba hecho un desastre, aunque sospeché que las chicas me habían ayudado recogiendo algunas cosas. Más tarde limpiaría lo demás. Tomé algo para que se me pasara el malestar, no sin antes vomitar, pues si vomitaba después mi tía lo sabría todo. Era algo desagradable, pero tenía experiencia en todas estas cosas. Claro que lo hice en silencio. Me di un baño y tomé mi celular para hacer algunas llamadas, porque ya tenía saldo.

-¿Marcela? –pregunté.
-¿Regina? –dijo con voz muy suave.
-Tengo que hablar con todas ustedes –mis palabras salían atropelladamente de mi boca-. Pasó algo y yo necesito su ayuda –ahora las lágrimas comenzaron a brotar de mis ojos.
-No creo que podamos ayudarte –respondió cortantemente. ¿Qué pasaba?
-¿Ha ocurrido algo? –me preocupé.
-¿Dónde estuviste anoche, Regina? ¿A dónde fuiste luego de dejarnos encargadas de la fiesta?
-Y-yo... Eso es lo que tenemos que hablar –lloré más desconsoladamente.
-Lo sabemos todo –cortó nuevamente.
-¿Ah, sí? Entonces podrán ayudarme, por favor. No sé si nosotros…
-¿Cómo pudiste hacerlo, Regina? ¿Cómo pudiste luego que supiera que Bea ama a Santiago? Tú prometiste que no le harías caso –estas palabras me chocaron. No comprendía que quería decir. Seguramente no sabían la historia completa. Pero a mí el pánico me atacó más fuertemente cuando me recordé de Bea. Me sentí más estúpida.
-¿Qué? Oh, por Dios. Es cierto.
-Ahora no finjas que no te acordabas.
-Es en serio, no me recordé de nada. Todo fue muy confuso, todo pasó rápidamente, fue horrible.
-Sí, claro. Seguramente lo disfrutaste tanto que llevaste esos besos hasta su casa. Tenemos evidencias.
-¿Cómo dices? –sólo dijo besos, o sea que no sabían si algo más había pasado, como yo.
-Evidencias. Alguien estaba ahí cuando salías de la casa de Santiago, y te tomó una foto con celular.

Eso tampoco podía ser cierto. Y no me importó saber quién había tomado la foto, solo me preguntaba cómo yo misma había logrado arruinar tanto de un día para otro.

-Marcela, por favor –seguí llorando-. Yo no sabía, estaba borracha. Pero necesito su ayuda, por favor perdónenme.
-Olvídalo –colgó.

Me senté en mi cama. Mi mundo comenzó a dar vueltas. No sabía exactamente qué había pasado con Santiago, aunque tenía un presentimiento. Bea y las chicas me odiaban, y no sin razón. El piso de abajo estaba hecho un revoltijo, algo así como mi mente en ese momento. Me recosté y lloré; lloré como nunca antes había llorado, a excepción de aquel día cuando mi padre murió. Fue después cuando pensé que no lograría nada llorando, y que necesitaba urgentemente la ayuda de alguien. Ninguna de mis nuevas amigas me ayudaría, no podía contar con mis viejos amigos, Isabela era apenas una niña, mi tía jamás podría saber lo sucedido y Pablo y yo no nos teníamos tanta confianza todavía. Entonces pensé en una persona que había sido de mucho apoyo para mí al llegar ahí, tal vez uno de los mejores amigos chicos que jamás había hecho en la vida: Mariano. Posiblemente era un tema a tratar con una chica, pero no tenía otra alternativa; no me atrevía a estar sola con estos problemas. Así que me levanté, lavé mi cara y salí de mi habitación. Mi tía ya estaba despierta, pero le prometí que regresaría pronto y limpiaría ese desorden.



“Toc, toc, toc”, sonó la puerta principal de Mariano. Salió su madre, sorprendida de verme.

-Hola, soy Regina, amiga de Mariano –me presenté-. Soy nueva en el colegio.
-Ah, hola, Regina –saludó amablemente su madre-. Ya he oído de ti. ¿Necesitas a Mariano en este momento? Está dormido todavía, ayer hubo una fiesta en tu casa, según entendí.
-Así es –dije-. Pero necesito hablar urgentemente con él. ¿Podría despertarlo y decirle que es sobre la tarea final de sociales? –eso era un código entre Mariano y yo. Pasábamos mucho tiempo juntos en el colegio, y nos inventamos eso en vez de usar las palabras “código rojo”.
-De acuerdo –se extrañó su madre. Claro, quién no lo haría. Un adolescente normal hubiera esperado que fuera el hasta la tarde de ese día para preocuparse por la tarea final que debía ser entregada semanas después-. ¿Quieres entrar?
-Aquí estoy bien –respondí nerviosa.

Mariano salió al fin. Llevaba una sudadera y un bóxer, y parecía más dormido que despierto.

-¿Sí? –preguntó.
-Hola, soy yo –le dije.
-¿Regina? Ah, hola –bostezó-. ¿Qué pasa?
-Es sobre la tarea final de sociales –le expliqué usando el código, pues su madre estaba cerca. Eso pareció despertarlo, lo que extrañó más a su mamá, porque era raro que una tarea causara tanto interés en nosotros. Mariano salió preocupado, cerró la puerta y me preguntó de qué se trataba. Entonces no pude detener mis lágrimas. Él se acercó a consolarme y comencé a explicarle todo. Me detuve y él parecía estar en shock. Pero se recobró y dijo:
-Regina. Regina, tú no, tú no –susurró. Parecía estar procesando las palabras que usaría antes de decírmelas-. ¿Qué pasó con Santiago, Regina? No me digas detalles, definitivamente no quiero saberlo. Pero es necesario saber qué pasó.
-¡No lo sé! –sollocé-. No lo sé, no lo sé, no lo sé, Mariano. ¡No lo sé!
-Tranquila, vamos –me dio unos golpecitos en el hombro-. Lo de las chicas se arreglará después, pero ahora lo importante es lo que ocurrió anoche. ¿Ustedes no…? –la pregunta quedó en el aire. Ya sabía a qué se refería, por lo que respondí:
-Vuelvo a decirte que no lo sé, Mariano. Tengo pánico, tengo miedo, no sé en qué estaba pensando cuando me fui de la fiesta en mi casa anoche.
-¿Te has hecho una prueba? –murmuró bajando el tono de su voz.
-No me atrevo. Ni siquiera me atrevo a entrar a una farmacia –volví a llorar-. Soy una ramera –bajé la cabeza.
-Regina, mírame –me dijo-. Sea lo que sea que haya pasado, ha pasado. No lograrás nada lamentándolo, no podrás retroceder el tiempo llorando. Tienes que hacerte una prueba. Y denunciar a Santiago pase lo que pase.
-Tengo miedo –dije en un pequeño susurro.
-Veré qué puedo hacer –me apoyó. Mariano era un buen chico, había hecho bien en confiar en él-. Iré a la farmacia a comprar algunas medicinas, y entre ellas la prueba de embarazo. No me importa qué piense la vendedora.
-No, Mariano. Luego hablarán de ti, no quiero que te metas en chismes por mi culpa.
-No tardo –me dijo, y yo me senté en la acera a esperar.



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Ojalá les guste :D creo que mañana publicaré... Pero estoy pensando en tardarme un poco más publicando los capítulos. Podría escribir uno cada día, pero se quedarían guardaditos en mis archivos de word :D y publicaría dos o tres a la semana para crear suspenso y eso... Ya lo pensaré! Y les aviso, ok? Adiós!!`

Nota: hay nuevos blogs recomendados a la derecha!! Chequéenlos, están muy buenos. Les describo algunos ahorita y mañana o en la próxima publicación los otros:
Un Extraño Don es la historia de una chava que se llama Jamie. Su padre muere, y de pronto ella descubre un don muy especial. Descubran qué es :D al principio uno piensa que es una cosa, pero resulta que es otra.
Dark Moon es un blog que tiene como canciones y poemas, y ahorita está comenzando una novela. Tiene cosas de anime y manga! Y la historia es original ya que ocurre en TOKIO!
Mañana sigo con los otros... :D

3 comentarios:

Marcy dijo...

Ohhhh (suspenso) o estuvo muy bueno este capitulo ha no que mal que mal lo que hizo en fin oie cada dia te quedan mejor los capitulos heh por cierto por que ya no has pasado a mi blog he ha tambien por favor publica seguido no lo hagas tres veces a la semana o si pero 4 veces a la semana he bueno bye tcuidas chao

Naomi y Megumi dijo...

hi... soy megumi...
y me a encantado tu blog...
la historia esta muy buena...
aunque me tengo que poner a leerla del principio... xq nu entiendo algunas cosas... jeje

bue... saludos^^
y quedas invitada a pasar por nuestro blog...

Izzie dijo...

ya lo lei todo :D mejor publica diario! no me dejes con tanto suspenso que no aguanto haha y otra vez en serio mil gracias por recomendarme :)